lunes, 14 de noviembre de 2016

La decadencia de Occidente, Parte I

¿Asistimos al declive del sistema Occidental?


Trump Presidente
Contra todos los pronósticos, Donald Trump se corona Presidente de EE.UU.




Los medios siguen haciendo ruido, ahora preguntándose qué fue lo que sucedió, buscando con su mismo caótico discurso, reverberado de análisis y proyecciones inútiles que este año han fallado todas, ¡cómo es que se llegó a esto! Sandra Borda dijo que este ha sido el peor año para los politólogos, y con razón. Aunque yo agregaría a la benévola lista también a los periodistas, análistas de escritorio y hasta a ciertos futurólogos radiales de la Nueva Era; todos erraron el pronóstico y se ajustaron al más cómodo, al más evidente. Pero a veces las cosas del mundo no son tan evidentes y, justo en tiempos donde el caos y el desorden cabalgan con total impunidad, hacen falta verdaderos espíritus clarividentes que nos susurren nuevos motivos para calmar los nervios. ¿Y dónde están? De seguro en muchas partes, en las esquinas donde nadie observa, apenas asomados en las buhardillas silenciosas de sus habitaciones, en medio de torres de libros y gabinetes anónimos desde donde se escribe el mundo del futuro. 

Ganó Trump y punto. Ya hay suficientes lamentaciones en internet, y de sobra para el que quiera buscar. Cientos de análisis ya se han hecho después del pasado martes, intentando explicar lo que consideran una catástrofe. Y todos se han volcado a cifras, a un electorado que rumiaba en silencio un resentimiento tácito contra ocho años de un Presidente negro; al abandono de una población obrera, pobre y blanca, que después de la crisis de 2008 no había podido recuperarse; a un Establecimiento cada vez más despreocupado por la agenda doméstica y más concentrado en su política internacional y en los intereses de los Lobys; etc.

Pero, ¿qué es lo que está pasando en el mundo? Lo político parecer ser sólo una arista de algo más gigante, más profundo y más grave. Se trata de un problema estructural de todo el sistema, existen hondas fisuras que antes nadie veía o no quería ver. En medio de este caos planetario, donde parece que se alteró el orden del Universo, la lucidez es un síntoma de esa misma alteración. 

Estados Unidos era hace un par de décadas conocido como la economía modelo, la familia modelo, la cultura modelo, la Democracia modelo, en suma, el País Arquetipo. Todos creiamos casi religiosamente en el Sueño Americano que comprabamos tan gratuitamente en las series de televisión que nos traía su gran industria del entretenimiento, y en su aparato gigantesco y omnímodo de medios de prensa. Creíamos en un modelo, en SU modelo, que a la postre era el modelo que el resto del mundo, gustásenos o no, queriamos emular de alguna manera. Admiramos su industria, su ciencia, su cine, sus cohetes y aviones stealth, sus hamburguesas y restaurantes con su cartel "hágalo usted mismo". Elogiamos su hedonismo desproporcionado, sus grandes casas, su lujo, de consumismo y sus actrices porno.

Pues hoy ese modelo parece que está entrando en obsolencia. Trump parece ser la demostración última de un sistema en sus últimos momentos de agonía, tirando vanos intentos por perpetuarse, cuando ha llegado a su declinación. Que la que Tocqueville consideró la democracia más avanzada del mundo, esté a partir del 20 de enero de 2017 en manos, no sólo de un outsider sino de alguien con un cerebro peligroso, es un hecho profundamente sintomático. Pero hay que ver más allá.

Numerosos pensadores competentes han razonado sobre el fin del mundo como lo conocemos. Oswald Spengler, historiador alemán, en su provocadora obra El hombre y su Técnica, nos advierte con un pensamiento de acero:

Existe al fin una diferencia natural de rango entre los hombres que han nacido para mandar y los hombres que han nacido para servir, entre los dirigentes y los dirigidos de la vida. Esa diferencia de rango existe absolutamente; y en las épocas y en los pueblos sanos es reconocida involuntariamente por todo el mundo como un hecho, aun cuando en los siglos de decadencia la mayoría se esfuerce por negarla o no verla. Pero justamente ese contínuo hablar de la “igualdad natural entre todos”, demuestra un esfuerzo que se encamina a probar la no existencia de esa diferenciación. 

y precisamente, nos encontramos en una época donde esa diferencia está diluida, la frontera entre esos dos estados se desdibuja cada vez más. Todo parece empezar a nivelarse desde abajo, desde la masa, se trata de ponerlo todo al nivel del menos dotado. El pragmatismo, que en otros tiempos conformaba una corriente de pensamiento poderosa, que ayudó a forjar ese gran imperio norteamericano, hoy ha degenerado en una espantosa superficialidad que permea todos los centros: arte, política, religión, cultura, literatura. Ya no se reconoce una autoridad en casi ningún aspecto de la sociedad. Y por supuesto no se trata de un fenómeno exclusivo de los Estados Unidos, lo estamos viendo en prácticamente todos los puntos cardinales del globo: Brexit, la victoria del NO en el Proceso de Paz de Colombia, la desastroza elección de Bob Dylan como premio Nobel de las Letras. Hay una franca alteración del orden natural, y ello es un síntoma nada alentador.

Ver más allá, ver en los detalles. ¿Tal vez ahí están las respuestas?

Por lo pronto lo único seguro que tenemos es que Donald Trump es el Presidente número 45 de Estados Unidos, y que lo logró contra todos los pronósticos. Ese es el escenario y la parte que vemos todos y la que nos provoca incertidumbre, angustia y hasta irritación, con un país del norte profundamente dividido, y en numerosas y crueles paradojas como telón de fondo. Pero, ¿qué hay trás ese telón de fondo? Y no se trata de poderosos lobys ni grupos secretos o absurdas e ingeniosas teorías de conspiración. Estamos seguros que hay algo detrás, algo más; hay una intuición de un problema secreto que se nos escapa de las manos como un jabón húmedo en la bañera, pero el jabón está ahí y debemos asirlo para comprender, al menos ya lo vemos, lo entrevemos, y eso en sí ya es una esperanza.

Nota: este artículo ha sido escrito por Preludio al Paraiso. Queda totalmente prohíbida su reproducción sin previa autorización. Para su réplica en medios audiovisuales, impresos u otro blog, escríbenos a preludioalparaiso@gmail.com

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Donald Trump es Presidente de Estados Unidos

—Hola profesor
—¿Con quién hablo?
—Soy yo profesor, Diana. ¡Donald Trump es Presidente de Estados Unidos!
—¿Me llamas a darme las buenas nuevas a las tres de la mañana? Debes saber que por esto podría darte una nota baja.
—Profesor, por favor, usted sabe que esto es importante. ¡Acertó! Trump es ahora el nuevo Presidente de Estados Unidos. ¿Qué haremos ahora?
—Tenía la esperanza de errar. Esto desata una tormenta sin precedentes en todas las cosas. Algo muy grave sucede. ¿Mañana lo discutimos en clase, te parece? Eres joven e idealista y eso está bien. Pero debes saber que el mundo en que vivimos ahora es diferente del que creciste, y será muy distinto del de los libros de historia que has leído. ¿Mañana lo hablamos, listo? Soy viejo y debo dormir. Tu has lo mismo, y tranquila, siempre hay una salida, siempre la ha habido desde tiempos inmemoriales, aún hay esperanza. Qué descanses.

viernes, 4 de noviembre de 2016

¿Donald Trump ganará la presidencia de Estados Unidos? PARTE II

Donald Trump, elegido cuadragésimo quinto presidente de EE.UU.
Presidente Donald J. Trump
—Profesor, ¿pero yo quiero que usted me responda quién de los dos candidatos cree que va a ganar?

La conversación sobre las elecciones presidenciales en Estados Unidos continuó el siguiente jueves dentro del mismo acalorado debate sobre quién será el nuevo inquilino de La Casa Blanca y sobre los destinos de la humanidad. Diana, la nueva integrante a las tertulias del profesor Ambrosio, era insistente y no se rendía. Quería ante todo que el profesor le respondiera y le diera un nombre.

—Como les dije la vez pasada, no hay mucha diferencia entre ninguno de los dos. Saber quién va a ganar no tiene la menor importancia. Solamente hay una diferencia de tiempo, no de nombres. No hay tal cosa como "la suerte está echada" si gana este o aquel, yo no lo diría así. Pero ciertamente el mundo va hacia una dirección que parece irreversible. Si quieres oir un nombre, te digo que Trump ya ganó la presidencia de Estados Unidos. 

Los demás abrieron los ojos casi al unísono al escuchar la categórica declaración del Profesor. Las Elecciones debían ser el siguiente martes y era imposible conocer los resultados antes de esa fecha, por lo que todos estaban sorprendidos y confundidos. Alguien se atrevió a preguntarle no sin temor,

—Profesor, pero si las elecciones son hasta el próxima martes, ¿por qué dice que Trump ya ganó?. 

—Muchachos, ¿es que no lo entienden? ¿no son capaces de ver los signos? ¿no comprenden la gravedad de lo que sucede? Somos privilegiados, ustedes y yo, porque, como pocas veces en la Historia, podremos presenciar un cambio en el esquema de Poder Mundial. Estamos justo en ese momento de coyuntura. Un momento que coincide con esta etapa de confusión, de ceguera, de paradojas y contradicciones por todas partes y a todos los niveles. Podriamos citar el Bhagavad Gita cuando afirma que todas las castas serán mezcladas. El sólo hecho de que Donald Trump esté tan cerca de lograrlo, cuando todos estabamos "seguros" de que sería tumbado en lona en el Primer Round, es un hecho profundamente sintomático. Trump es la demostración, y sólo la punta del iceberg, de un sistema terriblemente enfermo y en pleno desajuste. Los miedos más terribles y más absurdos de la sociedad norteamericana, se asoman y se proyectan sobre los inmensos ventanales de la Trump Tower (para seguir con los simbolismos). Es por eso que Trump ya ganó, o dicho de otro modo, el miedo va ganando esta partida de ajedrez. Gane quien gane los miedos fundamentales de la sociedad norteamericana proyectados en Donald Trump, están en pleno furor. Trump es el inconsciente colectivo social, el máximo Ego de los Estados Unidos de Norteamérica representados en una sola persona. Por eso es tan odiado y alabado en su propio país.

Todos escucharon atentos y nadie se atrevió a preguntar más.