miércoles, 26 de abril de 2017

La verdadera libertad es no trabajar

Boris Groys (1947-Berlín Oriental) es un pensador y escritor alemán que vivió en Rusia hasta el principio de los años 1980. Imparte docencia en la Staatliche Hochschule für Gestaltung de Karlsruhe. Sus trabajos orientados al arte moderno y contemporáneo son fruto de una reflexión sobre la modernidad, la posmodernidad y la cuestión del sujeto. Su obra es un diálogo con los textos de distintos filósofos contemporáneos como Derrida y Baudrillard.
Estudió filosofía y matemáticas en la universidad de Leningrado. Su carrera comineza con un puesto de ayudante en esta ciudad y más tarde enseñó lingüística en Moscú. Abandonó la Unión Soviética en 1981 y se asentó en la República Federal Alemana.


Apenas aterrizado, para dar una serie de charlas, el filósofo y crítico de arte Boris Groys, uno de los más originales y polémicos pensadores del arte contemporáneo (Alemania oriental, 1947), realizó una rueda de prensa donde habló de su último libro publicado en Colombia,  Volverse público (Caja Negra, 2014) y también de algunos aspectos de su vida, que transcurrió a ambos lados del muro.

Hace poco, en una entrevista otorgada al diario El País, entre el gesto irónico y la crítica sagaz, dijo que ahora, en las sociedades occidentales, somos mucho más esclavos que en la burocracia soviética, donde se trabajaba mucho menos. “Al mercado no puedes engañarlo porque dependes de él, del dinero que te proporciona para vivir. Hay una idea falsa en Occidente y es que la vida está llena de deseos. Pero si de verdad a alguien lo liberas de sus obligaciones, se va a dormir. La verdadera libertad es no trabajar”, dijo en 2008.


Groys fue miembro activo de los círculos no oficiales de intelectuales y artistas bajo el régimen soviético, hasta que en 1981 se trasladó a Occidente: “No decidí irme, me pidieron que me fuera”, dijo a los periodistas. “Durante los años 70 publicaba en medios occidentales artículos sobre la escena artística de Moscú y Leningrado. Nadie sabía bien cómo funcionaba el sistema, hasta que la KGB me informó que mis actividades podían ser consideradas antisoviéticas. Si no dejaba de hacerlas, me tenía que ir. Yo no era una excepción a la regla”, dijo Groys, quien dio a entender que a otros les pasaba lo mismo.


En el mundo socialista de Europa del Este, el diseño estaba, según Groys, orientado a construir un gusto público de la sociedad como un todo. Si uno ve los proyectos primeros del Constructivismo Ruso, de la Bauhaus o de Die Stijl, ellos buscan unificar un estilo. “Por eso sus ideas del diseño iban contra los intereses privados y comerciales. Hoy, en cambio, estamos en la cultura del gusto privado, y se podría decir que, en el capitalismo, del triunfo del gusto privado por sobre el público.”


El fin del socialismo trajo como consecuencia en Europa del Este una sociedad muy desigual. Sin embargo no hay ninguna nostalgia del pasado, asegura. “Hay sí, en la izquierda, que es toda la intelligentsia artística e intelectual, una aspiración a una mayor igualdad, pero no como nostalgia del pasado, sino hacia el futuro. Por un lado, porque es imposible volver hacia atrás, y por otro, porque no creo que nadie esté dispuesto a perder su Ipod.”


Groys se refirió al giro contemporáneo en el arte, de la producción de obras hacia la producción de “acontecimientos”, ya sean estos en el espacio público (galerías, museos o incluso la calle) o en Internet. “Primero, diría que los 'acontecimientos' también ocurren, también son materiales. Internet es también un hecho en sí, concreto, material. Luego, el giro de la producción de obra a la producción de eventos se remonta a experiencias de comienzos del siglo XX, a Cabaret Voltaire y Dadá. Ese giro va de la mano de la pérdida de confianza en las instituciones del arte para perpetuar las obras en el tiempo. Si uno cree en la continuidad de esas instituciones tiende a creer más en el valor de la obra. Pero no es accidental que este giro comenzara durante y después de la Primera Guerra Mundial, una época de guerras y destrucción”. Hoy tampoco tenemos confianza en que las instituciones perpetuarán las obras en el tiempo, pero “no por la guerra sino por la economía: es demasiado caro”.


Groys habló también de lo que consideró una tendencia contemporánea a negar lo nuevo: “toda innovación es reinterpretada como optimización”, afirmó. “Cada nuevo aparato es entendido como el mismo aparato, sólo que mejorado”. Para Groys, esta creencia opera como una distracción, para no ver aquello que se destruye. “Hay una negación de la diferencia tecnológica –agregó--. Y esa falsa identidad garantiza la supervivencia de la civilización: todo es siempre igual, pero mejor. Ningún sujeto contemporáneo quiere ser el “Angelus Novus”, esa imagen con la que Walter Benjamin ilustraba el sujeto de la historia que mira hacia atrás para denunciar la destrucción y sus mecanismos.


En el artículo “Cuerpos Inmortales”, Groys analiza un momento de imaginación radical en la Rusia de finales del siglo XIX. Una especie de utopía biologicista en la que, a partir del supuesto foucaulteano según la cual el Estado moderno procura potenciar la vida de los ciudadanos, esta afirmación se extrema hasta imaginar un poder intensivo capaz de combatir inclusive la muerte natural del individuo, en busca de una inmortalidad que debía volverse un objetivo colectivo y político del Estado. Esto implicaba incluso la solidaridad intergeneracional, por la cual los jóvenes deberían comprometerse con las generaciones pasadas, incluso con los muertos, a los que habría que poder resucitar. Todo lo cual redundaría en una vida eterna y justa verdaderamente para todos, los vivos y los muertos.


Curiosamente esas utopías rusas de fines de siglo XIX coinciden con la aparición de la novela Drácula, de Bram Stoker. “La analogía no es de ninguna manera una coincidencia –escribe Groys en su libro–. La sociedad de los vampiros, es decir, de los cuerpos inmortales, en la que reina Drácula es la sociedad del biopoder total por excelencia.” Y si en esa época, el cuerpo inmortal del vampiro era una pesadilla, hoy en cambio se acerca más al sueño contemporáneo. “Al principio Drácula era un ser muy desagradable –reflexionó ayer Groys ante los periodistas--, pero con el tiempo los vampiros se han vuelto cada vez más atractivos: en las nuevas películas aparecen como inteligente, con buenas maneras, sexies y reflexivos. ¡Hasta leen a Mallarmé! ¿Quién lee hoy a Mallarmé? ¡Solo los vampiros lo hacen!”


“De hecho -dice Groys- muchas actividades culturales de hoy son vampíricas, hay una afinidad muy profunda entre actividad cultural y fantasía vampírica. Hay intercambio, no de sangre, pero sí de ideas, de cartas, de mails y de textos”.


Para Groys las redes sociales no serían lo que son hoy sin el arte conceptual de los años 60. Hubo un profundo entrenamiento para hacer uso de todos esos materiales mezclados, textos imagen, videos. Todo esto es previo a que sean posibles técnicamente. El modo en que aparecen las redes sociales es posible gracias a la educación previa en el arte conceptual.


La versión tradicional del arte está basada en la idea del artista como un ser excepcional, único. Desde los 60 se abre un nuevo paradigma de arte, en un arco que va de Guy Debord a Andy Warhol, un paradigma en el que el artista ya no es excepcional sino uno en la multitud: lo importante es ser uno más, pero paradigmático, típico, representativo de muchos. Y esto, por supuesto, es una tarea muy difícil.

lunes, 24 de abril de 2017

Homenaje a Nicolás Suescún

Nicolás Suescún (1937-2017) Escritor y Poeta Colombiano, artista colombiano, reconocido por su poesía, narrativa y sarcásticos collages. También traductor, profesor, periodista y diseñador gráfico. Adelantó estudios secundarios y universitarios en Estados Unidos y en Francia. Durante varios años dirigió la revista Eco, una de las publicaciones influyentes en la difusión de la poesía en Colombia. Fue jefe de redacción y colaborador de la revista Cromos, donde escribió sobre política internacional. El maestro Nicolás Suescún falleció el pasado viernes, 14 de Abril de 2017 en Bogotá. Desde PreludioalParaiso queremos recordar una minúscula parte de su vasta obra escrita. Poemas salidos de las más pura sensibilidad. Que descanse en paz maestro...

"Cuando muere un poeta, se duerme una esperanza // se acalla una palabra, se pierde una luz blanca // una luz que se apaga"
Guarania - Florentín Giménez

Infancia 1

El mar,  inmenso, azul,
profunda tumba de piratas y tesoros,
estaba allá muy lejos
detrás de las montañas.
Era una ausencia.

Los ríos, también, eran grandes ausentes:
sus aguas bajo la tierra
corrían espesas y oscuras,
arrastrando desperdicios,
y la belleza también se escondía,
rara vez salía a la calle
pero a veces a veces se asomaba con el sol en el patio
o en los ojos del gato,
y los viajes tenían que ser imaginarios,
pobres ensueños tibios en los fríos rincones
donde empezaban los caminos,
así que todo viaje era un proyecto,
todo proyecto un viaje secreto, inconfesable,
y los potreros donde jugaba fútbol
se iban llenando de casas:
había que caminar mucho
donde no hubiera extraños.

El camino de la escuela a la casa:
ese simulacro de la Odisea.


Ocaso familiar

Aquí estamos
durmiendo, hablando,
y hasta contradiciendo a mamá,
mientras las moscas tapan
el sucio mantel sobre la mesa
y los fantasmas de la familia
nos despiertan de noche
con despiadadas intenciones de exterminio.
A la sombra del naranjo no volverá a dormir.
Tumbaron la casa
y el olor del árbol desapareció
bajo el polvo de los muros.
Y mientras ella dice
que han cambiado los tiempos
nosotros no notamos el paso de los años,
igual ayer que hoy para nosotros,
igual nosotros ante el espejo roto,
igual hermana a hermano,
igual cada uno en sí mismo, día tras día.
Y nosotros que no recordamos el naranjo,
le llevamos la contraria
mientras las moscas se llevan el azúcar.


Los antepasados

Las proclamas de algún tatarabuelo
deben de andar por mi sangre
trastocadas en poemas,
igual que la nariz de la hermana
de las madres de sus padres,
o la terquedad de ese ancestro
remoto y rústico, ignorante,
que se quemó las manos en el fuego,
o la furia de ese remero oscuro,
esclavo en una galera en que viajó Virgilio,
o la falaz sonrisa de algún inquisidor
ante una pira en la que ardía una bruja.
De estas cosas, y de otras incontables,
nadie se puede librar, aunque lo quiera.



Domingo

Empezó este domingo con campanas y luz
y el vacío de siempre entre la gente y yo
y yo
—inabarcable— que se hace de pronto que se hace de pronto
o que hago en torno a mí para esconderme.
Y ahora, a mediodía, y con este calor,
siento un frío de muerte.
Anoche también sentí la muerte
al mismo tiempo que la vida,
mi sangre corriendo en otras venas,
mis venas sin una sola gota.
Siento mi corazón que vuelve y se va,
oigo voces que vienen y se van,
siento la muerte y despierto de golpe,
la luz me hace visible, sólido.
A veces nos ponemos como cubos de hielo
y nos vamos derritiendo poco a poco,
hasta que todo esto sea
como si nada hubiera sido
—¡es que en el trópico también hace frío!


El pasado

¿Qué había entonces en los rincones, en las sombras,
qué mágicas imágenes sacadas de los libros y del cine?
Los desiertos, los jadeantes, sudorosos caballos,
los ejércitos derrotados, las huestes victoriosas,
los tiranos, los héroes y los mártires,
la gloria, la libertad, el amor,
la conquista de tierras extrañas y remotas,
las noches frescas bajo la luna llena
en el Taj Majal con la mujer más bella,
y la vida, inmensa, se desplegaba como un mar
de fondo tranquilo, azul y transparente.
Y yo no era distinto, pero era un niño,
míos eran los largos días para soñar,
y mías las noches para temer el mal,
las alas de una negra mariposa
que abrían una puerta
hacia la oscuridad incomprensible.


Lamento de un terrateniente

Misión cumplida,
invertido todo en finca raíz,
reposo sobre la tierra,
inversión segura,
metros y metros, todos cuadrados,
casa al borde del mar,
apartamento en Nueva York,
pisito en París,
chalet campestre al pie del páramo,
allí es más hondo el amor a la tierra
aunque sople demasiado el viento,
aunque inunde mis rosados pulmones,
aunque tiemblen mis blancas rodillas
y los frailejones canten canciones destempladas.
Es una falsa aurora,
la sonrisa morosa en el espejo,
mini población flotando en nubes de perfume,
población sobrante:
los ricos somos cada vez menos,
ni sombra de una masa,
una logia tal vez,
una secta secreta.
Y si alguien pide justicia
yo no lo oigo,
nada me apasiona,
enterrado en la tierra
¿qué puedo ver?
¿qué puedo oír?
¿qué puedo hacer?
¿qué puedo querer, fuera de tierra?
¿y será por eso que me dejo
llevar por la constelación mística?

¡Ah, sí, sólo los místicos me llenan
a mí, que vivo sin vivir en mí,
encerrado entre muros,
hundido en el concreto,
metido en los ladrillos,
encementado!
Y también en el campo de golf
cavando mi tumba
unos milímetros cada día
mientras se elevan las paredes
que me encierran.
¿Será por eso este sudor frío que me invade,
este agradable malestar que me corroe,
estas nubes de perfume que me embriagan,
esta tendencia insoslayable,
plutónica y tectónica?
O será este espejo que me engaña
en el que nunca jamás podré verme
como me vi un vez, así enterrado
como estoy, muy profundo en la tierra,
muy cerca de su candente corazón,
allí donde no llega la paloma
con su ramo de oliva.


Simone Weil, la “loca de amor”

Llevaba trajes negros, informes,
la chaqueta suelta y demasiado larga, las faldas anchas,
tropezaba con las mesas y las sillas,
muy pálida, no se maquillaba,
y usaba unas gafas de aro redondo de metal y gruesos lentes.
Indiferente al dolor, el cansancio, la muerte,
Estaba poseída por una locura de amor
que transformaba sus acciones, sus pensamientos.
Era una pasión tan poderosa,
una visión tan sobrecogedora de la vida
que excluía al otro, pero abrazaba a la humanidad entera.
Procuraba que sus actos fueran buenos, la acción sin provecho,
Y rechazaba las creencias supersticiosas que dan consuelo.
Ama a los obreros, ve la historia del mundo
como “la dominación de los que saben manejar las palabras
sobre los que saben manejar las cosas”.
Sí, ama a los obreros, imita su modo de vida,
en el frío invierno se niega a calentarse,
porque sabe que los obreros no pueden hacerlo,
guarda para sí el equivalente al subsidio de los huelguistas
y reparte entre ellos su pobre sueldo de profesora.
Trabaja en fábricas por corto tiempo, se agota,
quiere pertenecer a la clase de “los que no cuentan
ni contarán jamás”, pero no cae en la tentación
mayor de esta vida: no pensar como único medio de no sufrir,
y siente que el alma y el cuerpo
en aquel contacto con la desgracia, se le vuelven pedazos.
En el sufrimiento y el sacrificio encuentra la salvación,
Es una mártir de su pasión por la justicia,
siempre al lado de “los que saben luchar y sufrir”,
despreciando a los ratones de biblioteca
y a los constructores de sistemas,
a los que no saben trabajar con las manos.


Los pedazos

La vida ya no tiene sentido para ella
y se le rompe el corazón, ya roto,
en más pedazos, y yo, ¿qué puedo hacer,
ya casi muerto y hablando oscuro?
Es que hay algo que me espera,
lo presiento, en la noche,
un mar silencioso o un laberinto
imaginado, sin salida.
Y hay tantas preguntas sin respuesta.
Hay tantas cabezas rotas
como piedras destrozadas en el camino,
como ideas olvidadas
y decepciones, sueños truncos.
También tengo yo roto el corazón,
y sólo ella, lo sé, pueda tal vez
recoger los pedazos uno a uno,
los suyos y los míos.

viernes, 7 de abril de 2017

A los pies del Maestro

¿Es posible, Señor, que te haya visto realmente?
¿Yo? ¿Un sucio pecador indigno y soberbio?
¿O fue sólo mi imaginación pertinaz?

Me ha sido dado por mis ancestros
Que a ti debo clamar con sosiego
Prosternado y en reverente silencio

Sin apenas asomo de emoción
O lo estaría haciendo como hace el vulgo
En insultante griterío

Por mis padres me ha sido dada
La sabiduría de los Misterios
El largo y espinoso camino
De las Iniciaciones Herméticas

Dame Señor,
El discernimiento de saber la verdad
Si te vi, dame por favor el conocimiento
Y si no te vi, también

Yo tengo para mi
Que soy tan indigno de ti
Como lo he sido siempre

Mi cabeza rodó
Imaginación o Epifanía
Esto fue lo que vi:

Postrado a tus pies
Vi tus sagradas sandalias
Coronadas por tu blanco manto
En la Majestad y la Gloria
Del Trono del Altísimo Inefable

Vestía yo de blanco
Y humillado delante de ti
Me vi tan diminuto
En medio de una bruma blanca
De Sacra Santidad

¿Será posible Oh Dios
Que te haya visto realmente?

Mi mente vacila
Llena como está de apócrifos libros y filosofías
De poesías y argucias literarias
De ideologías sibaritas e inútiles

En la visión no me atreví a levantar la cara
Llena de perplejidad y de afiladas lágrimas
Que sangraban mis mejillas
De justa culpabilidad

Tan indigno soy de ti, Oh Señor
Que no lo creo
Porque los Misterios dictan
Que en algazara no se llega a ti

Revélame Oh mi buen Dios
Si fue Visión o alucinación
Porque quiero saber
Que no esté cayendo
En la trampa del fanatismo

Amén.